1. Definimos la fórmula y sus límites
Antes de programar una herramienta documentamos qué representa cada variable, qué unidades acepta y en qué situaciones la operación deja de tener sentido. Una división por cero no se transforma en una respuesta aproximada: se explica como un error.
Los cálculos regulatorios o fiscales deben separar los parámetros que pueden cambiar de la fórmula estable y mostrar jurisdicción y fecha de revisión.
2. Probamos valores conocidos y extremos
Cada función matemática vive separada de la interfaz y tiene pruebas automatizadas. Comprobamos resultados conocidos, cero, decimales con coma y punto, números grandes, fechas imposibles y condiciones de división por cero.
Las tablas de amortización incluyen invariantes: el saldo final debe ser cero, la suma del capital amortizado debe coincidir con el principal y la última cuota absorbe los ajustes de céntimos.
3. Separamos cálculo y presentación
Conservamos precisión durante la operación y aplicamos un redondeo coherente al mostrar dinero, porcentajes o unidades. El resultado nunca debe aparecer como NaN, infinito o cero negativo.
La página enseña la fórmula y un ejemplo independiente para que cualquier persona pueda contrastar la respuesta.
4. Registramos la revisión
Cada calculadora indica una fecha de última revisión. Cuando depende de tipos, límites o normativa, conserva además la jurisdicción, vigencia y fuente oficial. Una herramienta que no puede mantenerse correctamente no se publica.