Los tres datos que necesitas
El coste de cualquier aparato eléctrico sale de multiplicar tres cifras: la potencia que consume, el tiempo que está funcionando y el precio que pagas por kilovatio hora.
El fallo más común es tomar la potencia frigorífica del equipo, que es el frío que produce, en lugar de la potencia eléctrica, que es la que paga la factura. En un split moderno la potencia eléctrica es bastante menor que la frigorífica, porque el equipo mueve calor en vez de generarlo.
Cómo saber la potencia eléctrica de tu equipo
La etiqueta energética y la placa de características indican la potencia eléctrica absorbida, normalmente en vatios. Divide entre 1.000 para pasarla a kilovatios antes de aplicar la fórmula.
Si solo dispones de la potencia frigorífica y del coeficiente de eficiencia, puedes estimar la eléctrica dividiendo una entre otro. Un equipo de 3.500 W frigoríficos con un SEER de 6 consume del orden de 580 W eléctricos en condiciones favorables.
- Split inverter para una habitación: entre 0,5 y 0,9 kW eléctricos en régimen estable.
- Split para salón o estancia grande: entre 0,9 y 1,6 kW eléctricos.
- Portátil de tubo: entre 0,9 y 1,4 kW, con menor eficiencia porque expulsa aire ya climatizado.
Ejemplo: un split en el dormitorio
Supón un split que absorbe 0,8 kW, encendido 6 horas cada noche durante 30 días, con un precio de 0,17 € por kilovatio hora.
El consumo mensual es 0,8 × 6 × 30 = 144 kWh. El coste es 144 × 0,17 = 24,48 € al mes.
Si el mismo equipo funcionara 10 horas diarias, el consumo subiría a 240 kWh y el coste a 40,80 €. Las horas de uso pesan tanto como la potencia del aparato.
Por qué un inverter no consume su potencia máxima todo el rato
Un equipo inverter regula el compresor: arranca a plena potencia para bajar la temperatura y después modula para mantenerla. El cálculo anterior con la potencia nominal representa el escenario más caro, no el habitual.
En la práctica, muchas instalaciones se estabilizan en torno a la mitad de la potencia nominal una vez alcanzada la temperatura de consigna, siempre que la estancia esté bien aislada y no se abran ventanas.
Por eso conviene calcular dos escenarios: uno con la potencia nominal como techo y otro con la potencia estimada en régimen para aproximar el gasto real.
Qué precio del kWh deberías usar
En la factura conviven el término de energía, el término de potencia contratada, los impuestos y, en su caso, el alquiler de equipos. Si usas solo el precio de la energía obtendrás un coste infravalorado.
Una forma sencilla y realista de estimarlo es dividir el importe total de una factura entre los kilovatios hora consumidos en ese periodo. Ese precio medio ya incorpora peajes e impuestos y sirve para comparar aparatos entre sí.
Si tienes tarifa con discriminación horaria, calcula por separado las horas en tramo caro y en tramo barato en lugar de aplicar una media a todo el uso.
Ajustes que sí cambian la cifra
Antes de plantearte cambiar de equipo, revisa las variables que multiplican directamente en la fórmula.
- Subir la temperatura de consigna un grado reduce la demanda de forma apreciable sin cambiar drásticamente la sensación de confort.
- Limpiar los filtros con regularidad evita que el equipo funcione más tiempo para lograr el mismo resultado.
- Cerrar persianas en las horas de sol reduce la carga térmica que el equipo tiene que compensar.
- Usar el programador para que no funcione con la casa vacía actúa sobre las horas, que es el factor más fácil de recortar.
Calcula tu caso concreto
La calculadora de coste de electricidad aplica esta fórmula con tus propios datos y muestra el desglose por hora, día y mes para que puedas comparar escenarios.
Es una estimación basada en los valores que introduzcas: la factura real depende del contrato, de la potencia contratada y de los impuestos aplicables en cada periodo.